No siempre hemos estado en la colina, los primeros días allá cuando empezó todo, el lugar era otro, plano rodeado de soledad, al borde del rio. A nadie le agrado el lugar, todos a una pedían un sitio más acorde, fue por esto que nos trajeron a la colina.
Nos instalamos en la parte de abajo !ah que bien ¡ todo cómodo. Por este tiempo ya las caras eran conocidas y cada uno se identificaba con su bando. Fue por aquella fecha que empezó el ritual, eran como cinco los que lo integraban si mal no recuerdo dos mujeres y tres hombres.
Pasaron los días corriendo, como niños agarrados de las manos y con ellos nos mandaron a la cima de la colina, allí se llega jadeando, a enfrentar el inmenso calor en los días soleados o el agua en los días lluviosos, apretujados para no mojarnos, arremolinados en el centro, mientras el agua corre al borde de nuestros pies, la algarabía de los vecinos enloquece, sea con lluvia o sol; como bandada de pericos cargan el aire de estridentes sonidos, que parece que en cualquier momento nos van a estallar los oídos en mil pedazos.
Como es conocido por todos allá en la cima de la colina lo mas que se duran son tres horas, muchos se quejan que es demasiado tiempo; pero en realidad el tiempo es poco comparado a la necesidad que allí existe. Ah pero a la hora de la salida bajan presurosos o en estampida buscando la salida a pasos rápidos, menos los del ritual; ya solo quedan dos, bajan sin prisa, a paso cómodo; generalmente los acompaño hasta su sitio de reunión, luego me alejo. Se quedan bajo el techito, recostados a la pared y lo repiten día tras días; ellos son fieles, fieles al rito del humo.
Nos instalamos en la parte de abajo !ah que bien ¡ todo cómodo. Por este tiempo ya las caras eran conocidas y cada uno se identificaba con su bando. Fue por aquella fecha que empezó el ritual, eran como cinco los que lo integraban si mal no recuerdo dos mujeres y tres hombres.
Pasaron los días corriendo, como niños agarrados de las manos y con ellos nos mandaron a la cima de la colina, allí se llega jadeando, a enfrentar el inmenso calor en los días soleados o el agua en los días lluviosos, apretujados para no mojarnos, arremolinados en el centro, mientras el agua corre al borde de nuestros pies, la algarabía de los vecinos enloquece, sea con lluvia o sol; como bandada de pericos cargan el aire de estridentes sonidos, que parece que en cualquier momento nos van a estallar los oídos en mil pedazos.
Como es conocido por todos allá en la cima de la colina lo mas que se duran son tres horas, muchos se quejan que es demasiado tiempo; pero en realidad el tiempo es poco comparado a la necesidad que allí existe. Ah pero a la hora de la salida bajan presurosos o en estampida buscando la salida a pasos rápidos, menos los del ritual; ya solo quedan dos, bajan sin prisa, a paso cómodo; generalmente los acompaño hasta su sitio de reunión, luego me alejo. Se quedan bajo el techito, recostados a la pared y lo repiten día tras días; ellos son fieles, fieles al rito del humo.

¡Qué bien, Magleny!, disfruté tu texto, me contenta el nivel de escritura que has ido adquiriendo. Sigue adelante.
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